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Ager
Ager trabaja un fruto diminuto y tenaz: el Pomodorino del Piennolo del Vesuvio DOP, cultivado en las laderas volcánicas de Campania, dentro de los dieciocho municipios del área vesuviana. Cada tomatito pesa menos de veinticinco gramos, pero concentra una intensidad que los frutos de gran calibre no conocen: el mínimo de 6,5 grados Brix establece un equilibrio entre dulce y ácido, mientras que la pulpa densa y compacta se mantiene firme donde el tomate industrial cede. Es un cultivo que nace del suelo geotérmico del Vesuvio y lleva su impronta. El propio nombre remite al piennolo, el racimo colgante que permite a estos tomates durar meses sin perder carne ni sabor, una práctica de conservación más antigua que la cadena de frío. Ager se mantiene dentro de este perímetro estricto, sin expandirlo: una sola denominación, un solo fruto, defendido en su justa medida. La fuerza del producto reside precisamente en la renuncia —nada de diámetro, nada de agua— en favor de una densidad que el suelo lávico impone y la mano del productor acompaña.
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