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Lombardini
Con siete denominaciones bajo control, Lombardini dibuja un mapa casi completo del vino emiliano. El centro de gravedad son los Lambruschi —Sorbara, Salamino di Santa Croce y Grasparossa di Castelvetro—, cada uno ligado a un clon local y a un perfil diferente, desde la efervescencia tensa y mineral hasta los tintos más plenos. Alrededor giran el Reggiano y el Modena, que amplían el área del Lambrusco, los blancos de los Colli di Scandiano e di Canossa y el Reno a base de Trebbiano. El conjunto abarca 86 municipios a lo largo de la vía Emilia, uniendo terroirs de llanura y de colina. La casa domina toda la escala de la efervescencia, desde el spumante hasta el frizzante, sin renunciar a los tintos tranquilos que hoy redefinen la imagen del Lambrusco más allá del estereotipo. El hilo conductor es un equilibrio constante entre acidez y frescura, obtenido con graduaciones contenidas que dejan espacio a la bebibilidad. Más que un catálogo, la cartera es una lectura razonada de cómo una misma región sabe declinar variedades afines en registros muy diferentes.
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Qué produce
Colli di Scandiano e di Canossa
Lambrusco di Sorbara
Lambrusco Grasparossa di Castelvetro
Lambrusco Salamino di Santa Croce
Modena
Reggiano
Reno