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Nardi Giordano
En el anfiteatro de colinas de Conegliano Valdobbiadene, que abarca quince municipios en el noreste, Nardi Giordano trabaja con una única denominación, el Prosecco DOCG, y la interpreta con un amplio abanico de uvas. A la Glera se unen cuatro variedades históricas —Verdiso, Bianchetta trevigiana, Perera y Glera lunga— para obtener frizzanti y spumanti secos y extra-secos, todos ellos con más del 10,5% de alcohol mínimo previsto. Es una elección que se aleja de la idea del Prosecco como una fórmula repetida: el uso de variedades de uva antiguas aporta complejidad y una diferencia respecto a los spumanti más lineales. El trabajo de la bodega se centra en la expresión de cada añada, y las cosechas de 2018 muestran bien esta atención, equilibrando frescura y estructura en los formatos brut y extra-dry. Así, sobre una sola denominación, Nardi Giordano construye variedad: jugando con los dosajes, con las uvas accesorias y con el carácter de cada millésime, diseña un Prosecco que pide ser leído por matices más que por categoría. La colina de Conegliano Valdobbiadene sigue siendo la referencia constante, matriz de cada burbuja que sale de sus viñedos.
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