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La Fiorita
La Fiorita confía el Sangiovese al largo tiempo que impone la denominación: un mínimo de cuarenta y ocho meses de envejecimiento antes de que una botella pueda salir como Brunello di Montalcino DOCG. Es una parada que no admite atajos, sirve para construir la estructura y la complejidad del vino, y para arraigarlo en el carácter de los suelos de Montalcino de donde toma su identidad. El resultado es un tinto austero y longevo, pensado para durar más que quien lo abre: un vino que pide paciencia a quien lo elabora y la misma a quien lo bebe. La bodega interpreta el Brunello como una cuestión de precisión más que de potencia, dejando que sea el viñedo quien hable a través de los años de afinamiento. Quien pase por Montalcino puede detenerse en la bodega: La Fiorita recibe a los visitantes para degustaciones, y probar estos Sangiovese en el lugar es la mejor manera de entender por qué una denominación construye su nombre sobre la espera. Reserve su visita y pida una comparación entre añadas diferentes.
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