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Scapigliati
En Florencia, desde 1926, la casa Scapigliati mide su trabajo en un solo producto: los Cantuccini Toscani IGP. El inicio lleva el nombre de Dante Scapigliati, quien abrió aquí el primer laboratorio de pastelería; cuatro generaciones han custodiado la fórmula familiar, reconocible por una elección clara: la exclusión de la leche de la masa. La galleta de almendra resultante responde a reglas precisas: la forma semi-ovalada nace del corte en diagonal del filoncino, mientras que la presencia de almendras, nunca por debajo del veinte por ciento, fija el estándar que la denominación reconoce en 273 municipios toscanos. Cada lote lleva consigo la precisión de un oficio transmitido de mano en mano, donde la repetición del gesto vale tanto como la receta. No hay una amplia gama de productos que defina esta producción, sino la constancia de un único objeto trabajado durante casi un siglo según la misma disciplina toscana, sin excepciones a la receta original.
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