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Cascina Chicco
En el Roero, entre los pueblos colinares que van desde Canale hasta Monforte d'Alba, Cascina Chicco gestiona más de cincuenta hectáreas dispersas, fruto de una elección precisa: asignar cada variedad de uva a la zona que mejor le conviene, según un criterio afinado a lo largo de cuatro generaciones. El paisaje dicta las reglas, y la bodega se limita a escucharlo. El trabajo continúa bajo tierra, en bodegas de ladrillo cocido visto donde afloran del subsuelo cristales de yeso —la misma geología que luego se encuentra en la copa. Aquí Nebbiolo, Arneis y otras variedades autóctonas maduran durante al menos veinte meses, traduciendo suelo y microclima en el tinto, el blanco y el espumante que llevan el nombre del Roero DOCG. La bodega es visitable, y la visita tiene un doble registro: se desciende para leer la roca de la que nace el vino y se asciende para beberlo, verificando en persona cómo aquí la filosofía del terroir coincide con la materia física del terreno.
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